El Parque Natural del Alto Tajo tiene una extensión de 105.721 hectáreas, lo que le convierten en el quinto en extensión de España. Abarca 36 municipios de Guadalajara y dos de Cuenca, o de otra forma el tercio sur de la comarca de Molina de Aragón. En esta zona, prácticamente en la confluencia de las provincias de Cuenca, Teruel y Guadalajara, la cordillera Ibérica se levanta hasta los 2000 metros y en un relativamente pequeño diámetro van a nacer tres grandes ríos que partirán hacia distintos mares, se tratan del Turia y el Júcar que hacia el este irán a morir al Mediterráneo, y el Tajo que desembocará en el Atlántico. El Tajo nace en Fuente García, en los Montes Universales a 1593 metros, y durante su trayecto en el parque natural pasa de los 1200 a los 900 metros del puente de San Pedro.
Para facilitar información al turista hay cuatro centros de interpretación, en Zaorejas, en la dehesa de Corduente, en Sequero de Orea y Checa. En una primera etapa el Tajo se dirige hacia en noroeste hasta que se junta con el Gallo y es ya a partir de Ocentejo cuando toma su definitivo rumbo suroeste. En total se trata de un recorrido de más de 60 kilómetros en los que la erosión de las aguas hace que el río vaya entre cañones y hoces fluviales. Como es lógico, en todo este trayecto se suceden espectaculares vistas y lugares. Como el recorrido que va desde Peralejos de las truchas hasta Peñalen, dejando a un lado Poveda de la Sierra y la laguna de Taravilla. También son reconocidos sitios de interés las rocas de la escaleruela y más adelante el famoso Hundido de Armallones, con sus peñascos desprendidos de los riscos, consecuencia de un terremoto del siglo XVI. Además, no creas que sólo el Tajo tenga maravillosos cañones, puedes comprobarlo visitando el cañón del río Ablanquejo en Huertahernando, o la hoz del río Gallo en Corduente hasta Torete (Barranco de la Hoz).
El agua es la protagonista de la zona. Aflora por todas partes en forma de manantiales, como la Falaguera cerca del puente de San Pedro, o la del convento de Buenafuente del Sistal (siglo XII). Por otro lado, penetrando en la roca caliza forma cuevas y simas, como la de Riba de Saelices o la sima de Villanueva de Alcorán. Junto con el agua, el parque muestra una enorme riqueza en flora y arbolado. Sabinas, encinas, quejigos, chopos, fresnos y alisos en las riberas, robles, avellanos y distintas variedades de pinos como el negral, carrasco y resinero, que han supuesto históricamente riqueza para la zona, tanto por su tala como por el aprovechamiento de la resina.La fauna es rica y variada, lagarto ocelado, nutria, sapillo moteado, jabalíes, corzos, ciervos, zorros, gatos monteses, tejones, liebres, conejos, cabra montes y aves como Águila real, avutarda, ánade real, búho real, alimoche, halcón peregrino, pico picapinos, buitre leonado o el martín pescador entre otros. A esto hay que añadir que se trata de una magnifica zona de pesca, con poblaciones de trucha, barbo, bogas y cachos.
Las principales poblaciones de la zona son Checa, Peralejos de las Truchas, Zaorejas, Corduente y Poveda de la Sierra. Merece la pena visitar el castro celtiberico de Checa, el castillo de Arbeteta, la original plaza de toros de Chequilla, la única cuyo redondel lo forman grandes peñascos de color rojizo, el monasterio de la Buenafuente, o las salinas de la inesperada. A la zona se puede llegar por carretera desde Molina de Aragón por el norte, desde Cifuentes y Trillo por el oeste, por el sur desde Cuenca y por el este desde Teruel. Por último en tu visita recuerda el trabajo de aquellos hombres llamados gancheros que se dedicaban a bajar miles de troncos de pino río abajo, hasta Aranjuez, sin más herramienta que sus largos ganchos, tal y como nos recordó José Luís Sanpedro en su obra “El río que nos lleva”.





